El domingo decidimos ir a Puebla a visitar a Daniel. Tenia muchísimos años que yo no iba para allá; de hecho, la única vez que recuerdo haber visitado Puebla fue cuando yo era muy niña y creo que fue una ocasión que veníamos de regreso de Veracruz y paramos a comer ahí. No recuerdo mucho, si acaso recuerdo que comí mole poblano y que mi papá me compró en una tienda un plumón rojo en forma de ratón… no recuerdo más. El caso es que tenía ganas de ir a Puebla solamente para visitar a Daniel y tal vez, para “airearme” un poco, para conocer y ver si era cierto lo que había escuchado de que había un chingo de iglesias y que era muy sucia y que los poblanos son muy especiales. De esto último, mi única referencia es un compañero de trabajo que es poblano y sí, es francamente insoportable.
La aventura (porque eso resultó siendo) inició el domingo que salimos ya tarde de la casa (como a las 10:00 AM). Como no tenía ganas de hacer el espantoso recorrido tomando la asquerosa Av. Ignacio Zaragoza (además de que yo vivo por la salida a Cuernavaca, para qué me voy hasta allá!), encontré un atajo usando mi GPS (que mamila!) y me fui por Periférico Sur hasta Av. Tláhuac y de ahí hasta entroncar con la autopista a Puebla. Me cae que descubrí otro mundo. No conocía la zona de Tláhuac y es increíble como puede la gente vivir por allá y como es posible que las autoridades no mejoren más la zona.
En fin, tomé la autopista por ahí de las 11:20 AM y llegamos a Puebla como a las 12:10 hrs. Nos quedamos de ver con Daniel en el centro por la Catedral (por qué será que todo mundo toma esos puntos de referencia para encontrarse con alguien). Con olfato sabueso me dirigí a buscar el centro y acabé dando con una zona, en el centro, donde vendía chácharas y ahí fue donde me estacioné en un estacionamiento público llamado Lupita. Ahí empezaría mi mala suerte y este lugar se volvería odiable e inolvidable. Encontramos un lugar llamado Plaza de los Patos donde estaba un Mercado de Pulgas. Creo que esta fue una parte muy chida del viaje. Había infinidad de cosas, por supuesto. Encontré muchas chácharas que me recordaban a mi infancia: un cine a la mano, un viewmaster, una muñeca que creo que le llaman Troll, charolas de metal de coca cola, teléfonos de baquelita, etc. Y me encontré una caja metálica con 2 jeringas de vidrio!!! No pude resistirme a comprarlas. Me costaron $100.00 pesos. Con el valor que le dan los recuerdos de cuando mi papá ponía a hervir una jeringa como esa en su cajita metálica y nos inyectaba; y con el valor histórico que tiene una jeringa de vidrio original (no lo puedo evitar, trabajo en eso y por eso me entusiasma).
De ahí, Daniel nos llevó a comer a la Fonda Santa Clara. Comimos mole poblano, chile en nogada, bebimos y rico. Salimos y mi plan era poder salir de Puebla por ahí de las 5 o 6 de la tarde para evitar que me agarrara la lluvia en la carretera y no arriesgarme a darme un madrazo y teniamos todavía un par de horas para hacer otras cosas, pero de repente nos topamos con la versión poblana del turibus y que se nos ocurre subirnos y dar una vuelta “ahí por no dejar” y resulta que el méndigo camioncito tardó como 30 minutos en salir, y luego en el recorrido iba muuuuy lento al grado de que el sonido de la grabación turística no coincidía del todo con el paisaje, ahora sí que no coincidía el audio con el video, y hubo un momento, cuando sentí que el recorrido se hacía muy largo que se me prende el foco y me empezó a salir la ñañara de que si no nos cerraban el estacionamiento y se me ocurre ver el boletito del estacionamiento y decía que cerraban a las 6:00 PM y ya eran las 6:15 PM y estabamos en medio de un embotellamiento!!! Uta madre!!! Ya nos bajamos repelando del autobús, empezaba a llover y ahí ibamos corriendo y obviamente no encontramos a nadie en el estacionamiento. Mi auto me lo dejaron encerrado y no teníamos como regresarnos a México! Y se me hacía injusto tener que pagar hotel solo porque a unos pendejos se les ocurre cerrar un estacionamiento público a las 6:00 PM, en plena zona turística, enfrente de un bar que estaba en pleno desmadre, pero como no teníamos contemplado el no regresar a casa, dejamos a Madly y Camila (2 de mis perras) en el jardín y viviendo en el Ajusco con el frío que hace en la madrugada y con el riesgo de que lloviera y se empapara, no las podíamos dejar afuera con la posibilidad de que se enfermaran o se murieran. Estabamos en la locura y se me ocurrió buscar a una compañera del trabajo que vive allá y me acabó echando la mano de prestarme su auto para regresar a México con la promesa de regresar al día siguiente para intercambiar los autos. Nos venimos a Mëxico con una tormenta del carajo, no se veía NADA en la carretera, no distinguía las líneas de los carriles, el nerviosismo de que esa carretera es muy peligrosa y yo manejando con lluvia y con un auto prestado. Llegamos a México y una tormenta super fuerte! Cuando ibamos subiendo al Ajusco, bajaba el agua con mucha fuerza porque había caído un tormentón. Llegamos a la casa hasta las 11:00 PM y resulta que había llovido tan fuerte, que la cochera estaba inundada como 15cm, Camila estaba hecha una sopa y Madly, además de estar empapada, estaba trepada en el jardín muerta de miedo porque no se animaba a bajar a la cochera porque estaba inundada. Definitivamente si no hubieramos regresado, no hubieran aguantado toda la noche a la intemperie. Obviamente, todas mis maldiciones se fueron hacía esos pinches poblanos del Estacionamiento Lupita.
Estaba tronadísima de cansancio. Recién empezaban mis vacaciones las cuales había solicitado porque precisamente andaba cansada en extremo y ocurre esto. El lunes, nos tuvimos que levantar nuevamente temprano, y lanzarnos otra vez a Puebla. Por unos imbéciles huevones poblanos, que no se atrevieron a trabajar un par de horas más en domingo y que no fueron capaces de tener un mugre teléfono a donde llamar, tuve que acabar gastando como $600.00 a lo imbécil y todavía, en lugar de ya de plano cobrarme como un día de pensión, me cobraron por hora y me friegan cobrándome $180.00 Rateros!
Ya de salida, el lunes como a las 4 de la tarde, cansadas, fastidiadas, peleadas, etc. se nos ocurre buscar donde tomarnos un café y buscamos un Starbucks y bien gracias, no encontramos ninguno. Nos topamos con un Italian Coffe y entramos y resulta que nos capaces no aceptar simples tarjetas de crédito o débito!!! Uta! Chance y comprendo que una cafetería chiquita no acepten tarjetas pero en una cadena de cafés que tienen sucursales hasta en la autopistas que no las acepten, es el colmo! Tuvimos que comprar solo lo que nos alcanzó con efectivo, ni siquiera pudimos comer. Por lo menos estaba muy rico el café.
Saliendo de ahí, pasamos a un cajero y mandamos a la fregada a Puebla y sus poblanos. Cuándo se me antoja regresar a Puebla? Nunca! O por lo menos no en un buen tiempo. Diuh! Me quedó un mal sabor de boca. Menos mal que cuando hubo la vacante del trabajo en Puebla, no se me ocurrió pedir el cambio de residencia. Y a los del Estacionamiento Lupita, mugres perros pericos poblanos, tócalos con un palito…
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Se te olvidó comentar cuando nos emparejamos con un taxista para preguntarle de unas calles y el tipo ni se dignó a voltearnos a ver, ya ni con el rabito del ojo... no más a gestos cabezales y medio murmurando nos ayudó, jajaja, que chistosa gente, son como lioneses no más que más... sureños, que se yo :P
Anónimo dijo...
12:00 p.m.