Mi Ciudad

Yo ya creía que nunca regresaría a vivir a Mi Ciudad, al pintoresco Distrito Federal. Hace 10 años y con un chingo de kilos de peso menos me fuí de la Ciudad. Por azares del destino enfrenté la aventura de irme a vivir a León, Gto. Una ciudad en donde no conocía absolutamente a nadie. Tomé mis pocos triques y mi vida que apenas estaba reparando de tremendos trancazos y me fuí. La gente me decía que yo era muy aventada al hacer eso... la verdad es que nunca me puse a pensar si era yo una aventada o no; en realidad la mayor parte de mi vida he sido una persona que se avienta como 'El Borras' y aunque sienta miedo, pus me aviento. Que más dá!

Me fuí a León y ahí empecé a hacer mi vida. Siempre extrañando Mi Ciudad, pero como las situaciones iban poco a poco arraigandome a León, esos sentimientos de añoranzas se quedaron siempre dentro de mí. Aunque siempre he sido 'rechoncha', la tranquilidad de la provincia, el diferente estilo de vida y alimentación y el haber dejado de fumar, me hicieron subir demasiado de peso. Considero que, aunque a final de cuentas seguí viviendo dentro de México y no en el extranjero, el hecho de haber vivido en otra ciudad diferente me ha dado una visión más amplia de la gente y sus costumbres. Fueron 10 años en los que además estuve involucrada en actividades que me obligaron a viajar demasiado por todo el país, conocer y convivir con cientos de personas de diferentes origenes, culturas, costumbres y poblaciones. Y a final de cuentas, regreso al DF y me reencuentro con muchos pequeños y casi insignificantes detalles que me hacen sentirme orgullosa y disfrutando de nuevo Mi Ciudad: peculiares grafittis (muros pintados, calcomanías en señales viales)



y la señora del mercado para quien su hijo sigue siendo su gran amor y su prioridad al grado de no descuidarlo ni cuando cocina. Esto último podrá parecer trivial y no dudo que se haga en otros lados, pero me consta que en cientos de lugares visitados nunca ví tanto fervor y amor en cuidar a los hijos como lo ví en esta imagen que pongo en la fotografía.

Me estoy reencontrando con mis origenes, con el pasado. Muchos ya no están; se adelantaron en el camino y se fueron: mis padres, mis primos Ingrid y Alan. Los extraño y ahora siento aún más fuerte su ausencia. Pero muchos siguen, claro que algunos con más kilos, más pelones, más arrugados, más canosos, pero muy queridos. Me siento bien. A pesar del tráfico y las desmañanadas a las cuales me había desacostumbrado, me siento muy bien y feliz. Me siento bien de ver que al parecer mi pareja también se siente feliz aquí a pesar de que ahora le está tocando dejar en León a familia y amigos como me tocó a mí hace 10 años. Le agradezco mucho este esfuerzo que es una imagen de gran amor. Me reencuentro con el pasado, pero también me reencuentro con el sentimiento de ilusión en el futuro.

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